Vísteme despacio que tengo twitter

24 / 01 / 11

Las redes sociales. Ese gran invento nacido (entre otras cosas) de nuestra necesidad de hacerlo todo cada vez más rápido: conocer a la gente más rápido, mandar mensajes más rápido, escribir más rápido… pensar más rápido. Un gran avance, la verdad. Aunque…

Rodrigo Alvira publicó un libro que resumía su actividad bloguera durante unos meses (un claro ejemplo de lo que podemos llamar «blogger-guadiana»: ahora aparece, ahora desaparece). En él recogía la iniciativa de una revista electrónica donde se puede participar resumiendo tu vida en seis palabras, seis, como los toros.

Nanomemorias, ¿eh? El asunto es divertido, pero aterra un poco eso de sintetizar tu existencia en una frase corta. Es como ver la vasija de tu incineración estando aún en la flor de la vida. ¿Nos gusta provocar los acontecimientos?

Puede que sea eso lo que ocurre a veces con los social media de tecleo rápido, como las redes. Leyendo algunos tweets da la sensación de que corremos como si nos fuera en ello la visa, perdón, la vida. Nos emocionamos con cada cambio tecnológico. Revivimos la revolución de Octubre al aparecer una nueva aplicación para el móvil. Nos da gustillo eso de participar en cualquier invento que aparece por la red. ¿No nos lanzamos demasiado rápido a todas las piscinas, aunque no sepamos si vamos a hacer pie?

Ojo, no estoy postulando que escondamos la cabeza como los avestruces. Pero si te aturulla ese torrente de frenesí social que es hoy internet, para y respira.  Piensa que si algunos de los más ricos pueden seguir aún lucrándose sin dar la cara en Facebook y se están tomando su tiempo, por algo será.

Sé que cada vez resulta más utópico eso de sentarse a meditar tomando un café. La realidad empresarial. La crisis. Los plazos. Las nóminas… Pero, como en todos los aspectos de la vida, a lo mejor deberíamos analizar y seleccionar bien dónde queremos estar y hasta dónde (y quiénes) queremos llegar. Llámalo estrategia de presencia digital, plan de social media o, simplemente, invertir unas semanas en pensar la imagen que deseamos proyectar o el nuevo negocio que podemos lograr. Sé que los grandes lo hacen. ¿Y los más pequeños? ¿Por qué no?

Y vuelvo a matizar. No estoy diciendo que abras tus perfiles en 2015. Más que nada porque igual has llegado tarde a la fiesta y porque sería una estupidez: aunque tú no aparezcas en escena, si tienes cierta transcendencia, ya estarán hablando de ti (puede que mal). Pero eso no impide que recuperemos la sana costumbre de planificar la comunicación. Aún sigo viendo a mucha gente que piensa que estar en «las redes» es rellenar un formulario de inscripción y esperar sentado a que vengan a verle: “¿perder el tiempo escribiendo en Facebook o Twitter? ¡Anda ya!”. Ellos sabrán. Pero quizá deberían recuperar el privilegio de «perder» el tiempo. De invertir en lo intangible. De recuperar esos minutos vitales para enfocar bien su presencia en el mercado. De recuperar el control.

Porque ponte por un momento a pensar que, a lo mejor, en lugar de estar haciéndolo todo más rápido, simplemente están realizando más cosas pero peor hechas: conociendo a más gente pero peor, mandando más mensajes pero peor, escribiendo más pero peor…

Pensando más. Pero peor.

 

Imagen de dentada

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3 comentarios

  1. Totaaaaaaalmente de acuerdo. A ver si las buenas gentes de marketing empiezan a leer más post como éste 😉

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