Método sexual sobre la creatividad

29-7-2009 | Artículos, Publi & Cía

Lo siento en el alma, pero este pequeño artículo no va de sexo, sino de creatividad, esa actividad humana tan complicada. De hecho, por mucho que intentemos conquistar a una buena idea, es ella la que siempre tendrá la última palabra. Es un juego de dos (o mejor, en grupo, el ambiente ideal para fomentar el espíritu creativo), una especie de galanteo que culmina, si hay suerte y ella se deja, con un apoteósico orgasmo. Desgraciadamente, la mayoría de las veces, el encuentro merma las expectativas y se queda en un simple apaño para ir tirando.

Cada maestrillo tiene su librillo. Existen numerosos métodos para invocar a la creatividad (brainstorming, pensamiento lateral, los seis sombreros, mind mapping, la imitación…) y diferentes maneras de sistematizar el proceso por el que llegamos a ese orgasmo creativo, ese momento especial durante el que no podemos dejar de gritar “sí, sí, lo logré, por finnnnnn”.

Llevando el asunto creativo por este enfoque sexual, paso a analizar las etapas que planteó James Webb Young y que se han convertido en un clásico de los manuales de creatividad:

Cuando la idea se deja querer

  • El acercamiento
    Al principio somos nosotros los que buscamos una idea. Tenemos un problema que resolver y sabemos, más o menos, lo que nos gustaría encontrar. Sin embargo, aún no distinguimos con exactitud esa meta, por lo que comienza una etapa previa de documentación con la que buscamos todo tipo de información que nos ayude a conocer a nuestras candidatas, antes de cercanos a ellas y poner cara de interesante.
  • El coqueteo
    Tras analizar la información que hemos recopilado, comienza el coqueteo con diferentes ideas. Es posible que con las primeras conversaciones encontremos la gran idea de nuestra vida, pero lo habitual es que sólo demos con una idea “segurola”, la que cumple con nuestros requisitos más primarios pero no es tan especial como para dejarnos obnubilados (la idea redonda o mítica ‘cojo-idea’). Como dice Carlos Navarro, es un “punto de partida seguro”. Pero sólo un punto de partida, al fin y al cabo.
  • La espera
    Si no estamos seguros de haber dado con una idea excelente, entramos en la fase de incubación. Durante unos días, horas o minutos (según la urgencia que requiera la decisión), nos olvidamos de ésta búsqueda y nos dedicamos a otros menesteres que relajen nuestra mente, como leer blogs, cotillear en facebook o, incluso, echar una siesta. Durante este tiempo, nuestro inconsciente comienza a trabajar por nosotros. Se convierte en una especie de celestina que contacta hábilmente con una de las ideas para contarle lo que andamos buscando.  A partir de aquí, es la idea la que toma las riendas.

Cuando la idea toma la iniciativa

  • La llamada
    De repente, la idea que necesitamos decide llamarnos, sin saber muy bien por qué (el inconsciente trabaja a escondidas). Es lo que denominamos inspiración, y aunque nos gusta pensar que somos una especie de iluminados, sólo podemos apuntarnos el tanto de haber realizado los pasos previos del galanteo, que no es poco (“99% de transpiración, 1% de inspiración”). Lo cierto es que la idea es quien ha decidido contactar con nosotros y no al revés. Muchas veces, esto no llega a ocurrir y caemos en un pequeño estado depresivo denominado “bloqueo creativo”. Que no cunda el pánico. Se puede salir de ese momento crítico y reiniciar todo el proceso.
  • La consumación
    Tras la llamada de la idea, preparamos una buena cena y un ambiente romántico para conversar tranquilamente y cerciorarnos de que no vamos a despertarnos solos por la mañana. En caso afirmativo, comienzan los toqueteos, los susurros, los juegos preliminares… (una idea que no se ha trabajado bien, se queda en papel mojado, transformada en concepto abstracto). Con tesón y paciencia, estos prolegómenos desembocarán en el ansiado orgasmo creativo, la sudorosa recompensa a tanta dedicación, el “eureeeeeka” y el cigarrito de después, para los que aún fuman.

Éstas serían, a grandes rasgos, las cinco fases para ligar con una idea de bandera. Sin embargo, aún falta un epílogo muy importante. Tras una gran noche de amor, no hay quien se salve de algo que nos da tanto o más placer que el propio orgasmo: contárselo a los demás. No nos engañemos. Lo que más nos gusta es mostrar nuestro trofeo de caza, fardar de esa noche de placer y narrarla con todo lujo de detalles. No es por casualidad que los creativos tengan esa fama de ególatras

(Revisión del artículo publicado el 16 de Febrero de 2009 en Tinta Digital.)

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2 comentarios

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óscar bilbao

30 de Julio de 2009 at 11:09

Claro que sí. Y una cosa, cuando ella/él dice no, es que no. No por insistir y meterle mano cuando se descuida vamos a conseguir algo. No por aparecer en su radio, en su buzón o en su tele parrilla tras parrilla vamos a conseguir que se fije en nosotros. Eso se llama “marketing de permiso” y es vital en los tiempos que corren.

Ah! y no nos olvidemos de las disfunciones, de la “eyaculación precoz creativa”, que mientras tú te regodeas en la maravillosa idea que acabas de tener la otra parte se queda en un “¿ya está?” o de que nuestro trabajo es más el de una geisha, que es más para dar placer al otro que para disfrutar nosotros (ya lo decía Woody Allen, “masturbarse está bien, pero follando conoces gente”)

Y de que si tu marca ya no se levanta, un poquito de viagra creativa no le vendría mal…

Y de… uf! esto da mucho juego.

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Martín Caro

30 de Julio de 2009 at 11:21

¡El maestro pastelero siempre pone la guinda!

Me alegra volver a leerte por aquí… :)

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