Despido improcedente

Fue tan buen jefe que creó un increíble clima laboral donde no sólo lo parecíamos, sino que todos éramos realmente iguales. Trabajábamos felices, sin cortapisas ni jerarquías estúpidas. Por ello, no podemos dejar de recordar ese lamentable día en el que el nuevo becario, ebrio de poder, le despidió sin mayores contemplaciones y ocupó su sillón de piel falsa.

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